María Arcos, migrante originaria del municipio de Ciudad Hidalgo, Michoacán, encontró en «The Place For Children With Autism» el mejor aliado para aprender cómo ayudar a su hijo y ahora da terapias a otros niños en esta organización que recientemente abrió sus puertas en el barrio de Pilsen, Chicago, Illinois.
Cuando su hijo Luís Ángel tenía ocho meses de edad, María Arcos, inmigrante de origen mexicano, comenzó a notar algunas cosas que la desconcertaban.
«Comenzó a gatear, pero lo hacia atrás, como un cangrejo. No comía bien y no lloraba cuando tenía hambre», cuenta la oriunda de Ciudad Hidalgo, Michoacán.
Después de varias consultas médicas y cuando el menor tenía poco más de un año le comunicaron que tenía autismo. Aunque los doctores compartieron con María información sobre la condición de su hijo y algunos recursos disponibles para enfrentar este desafío, la noticia no dejó de ser abrumadora para ella.
«Comencé a llorar. Pensé que era una enfermedad. El proceso para asimilarlo no fue fácil, pero lo primero es educarse sobre qué es el autismo. A través del amor que naturalmente me produce mi hijo y de las terapias he visto como ha avanzado. Por ejemplo, ya puede mantener una conversación fluida conmigo. Yo puedo entenderlo, otras personas deben pasar más tiempo para poder hacerlo, es un logro de los dos», añade María.